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FEOS, SUCIOS Y MALOS: La mirada sobre las clases populares en tres textos de literatura Argentina.
Néstor Mendoza UNSE - 2004 Dedicado a Sol.
Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma, Y digo que tan admirable es ser mujer como ser hombre Los placeres del cielo están conmigo y los dolores del Infierno están conmigo, Injerto y multiplico los placeres en mi ser, traduzco los Dolores a una lengua nueva.
Soy el poeta de la mujer y soy el poeta del hombre, Y digo que tan admirable e ser mujer como ser hombre, Y digo que nada hay más admirable que la madre de Los hombres.
Yo entono el canto de la expansión y el orgullo, Ha habido zalamerías y ruegos bastantes, Yo muestro que el tamaño no es más que crecimiento.
¿Has superado a los demás? ¿Eres tú el Presidente? Eso no tiene importancia: todos llegarán y aun irán Más lejos.
Yo soy aquel que camina con la noche tierna y fecunda, Invoco a la tierra y al mar que la noche abraza.
¡Estréchame contra tu pecho desnudo- estréchame, noche magnética y nutricia!,......... Walt Whitman, en Canto de mi mismo.
Los antiguos griegos consideraron bárbaros a todos aquellos pueblos que desconocían su lengua (el griego), esta lengua particular era portadora de razón ( logos ). Quienes no la poseían no tenían acceso a la razón y, en consecuencia, estaban privados de todo derecho. Esta manera etnocéntrica de entender el mundo no es exclusiva de los antiguos griegos, una larga tradición en occidente ha obrado con esta lógica discriminatoria: la Iglesia medieval, inquisición mediante, no dudaba en acusar de brujería y/o herejía a quienes no compartían el dogma de la fe Cristiana. Los recién descubiertos indígenas fueron considerados a-mentes, es decir formas proto-humanas más cercanas al mundo animal. En las sociedades modernas el nuevo dogma (Ciencia), expulsaba cualquier otra interpretación del mundo que no se ajustara a sus cánones. Es decir, la mirada sobre lo otro , estuvo cargada de prejuicios, temor e incomprensión. Y a partir de esta impronta se construyeron las valoraciones respectivas. Por cierto que estas construcciones asumían una perspectiva de superioridad con la consecuente devaluación del otro : no solo era diferente y extraño sino también, y sobre todo, inferior. Así, la manera de considerar al otro como subalterno, inferior, o poca cosa; fue la estrategia para justificar desigualdades, opresiones y vejaciones de todo signo. Sin embargo y, por desgracia; los prejuicios, la opresión y minusvaloración de lo diferente no son páginas de libros de historia, muy por el contrario siguen presentes en nuestras sociedades tardo- modernas bajo diversas formas 1. Las categorías superior, alto, mejor, recto; connotan por oposición la existencia de lo bajo, inferior, peor y torcido. Estas miradas se montan sobre la creencia de una inobjetable diferencia, que aparece naturalizada para aquellos que poseen las virtudes requeridas para establecer la distinción. Es decir se configuran como mitos, mecanismos que ocultan o velan las constituciones sociales de dominación, constituciones que se realizan históricamente y por ende de modos no- naturales. En nuestro país las maneras de forjarnos identitariamente ha resultado de un combate de largo aliento. No escapa a una mirada atenta sobre la historia de este país, como en la de cualquier otro, que la manera de construir la “argentinidad” está montada sobre mitos e invenciones 2. Es decir construcciones ideológicas mentadas por cierta elite intelectual con una peculiar visión: la de una mitología de la exclusión antes que una idea nacional unificadora, una impronta de división antes que un pluralismo de consenso. Los mecanismos de exclusión son el resultado de ciertas operaciones de selección que Shumway denomina “ficciones orientadoras”. Tales ficciones resultan un artificio, pero sirven para dotar a una comunidad o grupos o personas individuales de una idea de comunión, nación, identidad colectiva etc. Estos procedimientos de generación de “ficciones orientadoras” se vinculan con lo político en la medida que en la constitución de una nación se necesita hacer creer que somos un pueblo, se necesita hacer creer en la legitimidad de los que gobiernan y en la necesidad de un mandato y de mandantes. Pero, este procedimiento de construcción de un modelo de nación, importa también ciertas ideas acerca de las clases sociales que serán las portadoras de la voz legítima para contar la hazaña de la construcción de un país. Pensamos entonces que la construcción de identidades es un proceso que se realiza conflictivamente, donde distintos sectores pujan por contar y modelar un universo de significados. El desenlace de dicho conflicto plasmará el nombre del vencedor que investido de los atributos de tal – del ganador del combate- tomará la palabra y construirá cierta mitología de cómo son las cosas: un panteón de héroes nacionales, los eventos que merecen ser contados, los que deben ser ignorados, los lugares que ocuparán las clase sociales y la estima que se les dispensará. Estas mitologías 3 son, de acuerdo con Barthes, mecanismos que “tienen a su cargo fundamentar, como naturaleza, lo que es intención histórica; como eternidad lo que es contingencia. Este mecanismo es, justamente la forma de acción específica de la ideología burguesa”. Y por si la cuestión no quedara clara agrega; “ el mito está constituido por la pérdida de la cualidad histórica de las cosas: las cosas pierden en él el recuerdo de su construcción”. Por tanto el mito es un habla despolitizada y por tanto naturalizada. Entendemos que la construcción de categorías como nación y pueblo son un construcción histórica específica operada desde un lugar social determinado. En este marco comprendemos que la construcción de lo popular en nuestro caso ha sido producido por una elite que se definiría como burguesa y comienza a actuar por lo menos en el siglo xix. En el presente trabajo intentaremos rastrear la construcción de cierta mirada sobre lo popular a través de tres textos literarios teniendo en cuenta el momento histórico y político en el que se constituyen. Trataremos de indagar las maneras en que las clases populares son presentadas y dramatizadas en los textos de Esteban Echeverría, Jorge Luis Borges en dupla con Bioy Casares y el cuento las “puertas del cielo” de Julio Cortázar. El caso de Echeverría con “el matadero” es de interés porque se constituye en un cuento cuasi fundacional de la literatura Argentina y por su indudable carga política. “La fiesta del monstruo” que fuera publicada bajo el seudónimo de Bustos Domecq es concebido como una variación del matadero y también comporta niveles de lectura política inexorables en el siglo xx argentino, tan marcado por el peronismo. Finalmente el cuento de Cortázar refleja ciertas actitudes de la burguesía Argentina frente a la presencia de ese “otro” popular que da cuenta de las maneras en que su fracción intelectual los constituye. Por otra parte la selección obedece, aparte del peso propio que tienen los nombres mencionados, a criterios estéticos. Sin duda todos ellos constituyen piezas de brillantez literaria casi indiscutibles. Por tanto en la primera parte presentaremos algunos rasgos breves de los estudios sobre lo popular que nos parecen de importancia para comprender el fenómeno mencionado. Bajtín, Ginzburg, Thompson y Williams 4 son los autores que mejor han tratado el objeto que mencionamos como pueblo o lo popular. En la segunda parte nos concentraremos en la presentación y examen de los cruces entre política y cultura popular y los modos en que son visualizados por la elite ilustrada: las maneras y marcas sobre el pueblo, las torsiones y tropos, el contexto en que se inscriben los textos y las ambigüedades y conflictos que los cruzan. En la parte final intentaremos realizar un balance provisorio sobre estas maneras de construir nociones como las de pueblo y lo popular, teniendo siempre presente que nos enfrentamos a ficciones o mitos que de algún modo han logrado persistir en el tiempo con una notable eficacia. Por último no es ocioso aclarar que toda selección implica una fuerte dosis de arbitrariedad y que acaso también hay ejemplos de construir la noción de pueblo desde un ángulo diferente en la literatura ARGENTINA.
El PUEBLO Y LO POPULAR: Algunas Disquisiciones y Notas sobre Cultura Popular. Es notorio que en los últimos años se ha recobrado en la producción académica el interés por ciertos tópicos que parecían secuestrados y suprimidos en los años 90. Un retorno a la problemática de la cultura y, más específicamente a la cuestión de la cultura popular. Gran parte de los estudios que versan sobre la cultura popular en las ciencias sociales críticas – que es el lugar desde el que nos interesa interrogar e in interrogarnos por la dinámica de lo popular-, pasa en gran parte por la producción de Gramsci; sin embargo no nos vamos a detener en un análisis estricto de su obra porque consideramos que ciertas categorías de su pensamiento son ampliamente conocidas, sobre todo el concepto de hegemonía. Pero vale la mención de su nombre puesto que gran parte de las ideas – sobre todo en el marxismo- sobre lo popular pivotan en torno a algunas de sus aportaciones. El valor que le asignó a las clases subalternas estriba fundamentalmente en haberlas concebido como desustancializada Es decir miradas como siendo, como constituyéndose procesualmente en un permanente diálogo y enfrentamiento con la hegemonía. Sobre todo nos interesa el ojo Gramsciano en la medida que elimina todo facilismo maniqueo: ni la dominación se impone sin más, ni la acción de la subalternidad implica siempre resistencia. En todo caso habrá que pensar en una trama tupida y preñada de contradicciones. Ningún mecanicismo – ni funcionalista, ni marxista ortodoxo- sirven a la analítica interesada en un aproximación lo más fiel posible – si tal cosa existiera- a la cuestión popular. Pero no sólo Gramsci fue el iniciador de una nueva manera de concebir lo popular, otros nombres se asocian de alguna manera a su figura, por ahí andan las fraguas conceptuales de Bajtín, Ginzburg, Thompson o Williams. Claro que no son los únicos, pero consideramos que sus aportaciones son de un tenor que no se puede soslayar. Pero, ¿ porque utilizar las herramientas conceptuales diseñadas en otros lugares – básicamente Europa- para mirar la cuestión popular en Argentina?, ¿acaso no se podría remitir a alguna producción local para tratar el tema?. En primer término podríamos justificarnos alegando que los autores elegidos y sus aportaciones constituyen una contribución que excede los límites de un país o un continente, casi se diría que sus textos son de carácter universal. En segundo lugar porque dichas producciones se inscriben en el terreno de lo que podría denominarse ciencias sociales críticas. Finalmente no se utiliza material teórico producido en nuestro país puesto que en gran medida dichas confecciones tienen como base teórica las propuestas de nuestros autores. Es decir antes que las reelaboraciones preferimos las partituras originales. Sobre textos y contextos del siglo xvi, M. Bajtín y C. Ginzburg investigan la dinámica cultural y los modos de expresión de lo popular. Ambos estudian lo popular desde dentro: Bajtin poniendo el acento en lo que la cultura popular tiene de extraña, de paralela, de otra . Ginzburg explorando las resistencias, su capacidad de asumir el conflicto creativamente. Lo que Bajtin investiga son los modos que adopta la cultura popular para oponerse a la oficial, aquello que la cohesiona en cuanto ella misma y lo que la segrega. Cuatro temas son los que nos interesan: la plaza- en cuanto espacio propio-, el carnaval- como tiempo fuerte-, la risa y las máscaras. La plaza puede ser vista como el espacio no segmentado, abierto a lo cotidiano. La plaza es una suerte de lenguaje, un tipo particular de comunicación. Un lenguaje en el que predominan, en el vocabulario y los ademanes, las expresiones ambiguas, que no sólo acumulan y dan salida a lo prohibido, sino que al obrar como parodia y degradación dan curso a una atmósfera de libertad. La grosería y las blasfemias, “la mala palabra” se revelan condensando lo grotesco y lo cómico, los dos ejes expresivos de la cultura popular. El carnaval es aquel tiempo en el que el lenguaje de la plaza alcanza su cima, su plenitud, la afirmación del cuerpo del pueblo y su humor, Y es a través del carnaval que se disparan dos herramientas expresivas características del modo popular: la máscara y la risa. Porque allí, en ese tiempo- el del carnaval- se invierten las jerarquías, se suspenden el orden y las leyes, el mundo serio y acartonado de la cultura oficial – de la Iglesia , de los tribunales-, el mundo es puesto patas para arriba. Y en ese poner las cosas de otra manera la risa es el arma fundamental. La risa no sólo es diversión, es sobre todo un reto, un desafío. La risa popular, según Bajtín, una victoria sobre el miedo, ya que nace justamente de volver risible, objeto de burla todo lo que inficiona miedo: el poder, la moral, la muerte. Así mientras la seriedad acompaña al miedo, lo alarga y proyecta, la risa conecta con la libertad. Porque la risa libera en la medida que torna lo sagrado en objeto de burla 5. Finalmente la máscara, el otro dispositivo de lo cómico y del carnaval dice más plenamente la negación de la identidad como univocidad. La máscara estaría en la misma línea de operación que los sobrenombres y los apodos: ocultación, violación, ridiculización de la identidad, y al mismo tiempo realiza el movimiento de las metamorfosis, que es el movimiento de la vida.
Notas 1 Es posible que estemos asistiendo por estos días a una suerte de exacerbación de estas formas de discriminación que trae aparejada distintas respuestas por parte de las minorías afectadas. Es notable que estas minorías han crecido en organización y visibilidad para montar sus reclamos especialmente a través del movimiento antiglobalización; una red heterogénea que aglutina desde minorías sexuales, étnicas, políticas y ecologistas a desocupados y trabajadores super- explotados. 2 Las ideas básicas y el estímulo inicial de este ejercicio provienen de la lectura de la obra de Nicolás Shumway, La invención de la Argentina , Historia de una idea. Emecé editores, 1993. Buenos Aires. 3 Para una mejor comprensión de los significados de los mitos y la mitología ver el excelente trabajo de Roland Barthes, Mitologías, México, siglo xxi, 1970. 4 La referencias de este apartado y los análisis consiguientes son realizados en base al capítulo “redescubriendo al pueblo: la cultura como espacio de hegemonía” de Jesús m. Barbero en: De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. G. G. Mass media. 5 Recuérdese el final del “nombre de la rosa” de Umberto Eco, donde el monje ciego hace un alegato en contra de la risa como posición de la Iglesia. La censura de un misterioso libro que proclama la risa como un modo de verdad, revela el espanto que le ocasiona al poder eclesial la posibilidad de la liberación del humor popular. Por otro lado, entre nosotros los habitante de Sgo. Del Estero, no podemos desconocer los compones de parodia, burla y degradación que usó la movilización insurrecta del 16 de diciembre de 1993 en el santiagueñazo. La quema ritual. El uso de prendas personales de funcionarios y poderosos, el saqueo festivo, la especie de carnaval adelantado que se vivieron en aquellas jornadas, atestiguan la suspensión del miedo y las jerarquías al menos en ese día. |
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