Amigos
y amigas:
Les mando la carta, que la Red por una Cultura de la No violencia,
va a presentar a la familia de Leyla y Patricia y que entregaremos
esta tarde en la marcha.
Ojala podamos encontrarnos todos/as allí. Un abrazo,
Cecilia
Canevari
Carta de la Red por una Cultura
de la No Violencia
Desde
la creación de la Red por una Cultura de la No Violencia, hace
unos pocos meses, quienes participamos en ella venimos sosteniendo
que el único camino para detener la violencia consiste en fortalecer
una cultura que la neutralice. Es decir, que tengamos conceptos claros
sobre los valores positivos de la paz y el respeto al otro. Pero también
prácticas acordes, descubriendo la violencia social allí
donde se la oculta, protegiendo a sus víctimas, y aprendiendo
juntos a combatirla.
Hoy
nos enfrentamos a otra de las numerosas expresiones de violencia extrema
que nuestra sociedad padece. Igual que cientos de miles de santiagueños
y argentinos estamos hoy junto a Leyla y Patricia, sus padres, sus
hermanos y sus amigos, para expresarles nuestro dolor y nuestra solidaridad
en la prueba que están atravesando.
Pero
también para participar con ellos en esta empresa común
de pedir justicia y avanzar en la tarea de sanear nuestra sociedad
santiagueña de la corrupción y la violencia que la enluta.
Nuestra mirada se dirige primero hacia el estado provincial, los responsables
de su conducción, y las instituciones que representan. No hace
falta decir que las múltiples conexiones entre ellos, los autores
de este crimen horrendo, están apareciendo ante nuestra vista.
Entonces nos preguntamos ¿hasta qué punto hemos caído?.
Algunos de nuestros representantes, en quienes delegamos las más
altas responsabilidades públicas, están expuestos a
la sospecha, y nosotros a su impunidad.
Sabemos
que la violencia tiene muchas formas, y que se puede ejercer no sólo
en un acto físico de agresión sino que también
hay violencia institucional, moral , emocional y económica,
que puede ser amparada por la fuerza del poder o por nuestra indiferencia.
Y sobre todo, por la costumbre que nos induce a aceptar la violencia,
el maltrato o la pobreza como hechos naturales. Sabemos que no lo
son, y que podemos combatirlos.
Por
eso, luchar por una cultura de la no violencia quiere decir también
hablar de lo que no se habla, estudiar sus formas y sus causas, transmitirlo
a sus víctimas o a quienes podrían ser sus víctimas,
y acompañarnos organizadamente en la defensa de nuestros máximos
intereses: el respeto a nosotros mismos, a todos los seres vivos,
a la naturaleza; y la defensa activa y solidaria de la paz y la justicia.
Objetivos
de la Red